En esta historia, tan real como la vida misma para demasiadas empresas, la situación era complicada para todos, pero se complicaba aún más cuando uno no era capaz de ver con claridad la verdadera situación del otro, y cada uno se centraba en su propio ombligo, victimizándose y acusando a la otra parte de egoísmo o falta de empatía (Esto los psicólogos lo llamamos «proyección»).

El empresario estaba realmente preocupado tanto por su negocio como por los trabajadores, aunque lo segundo era un dato que los empleados desconocían; tenía un nivel de gastos fijos muy alto que no sabía cómo iba a afrontar sin ninguna fuente de ingresos. Cierto es que contaba con un cojín económico, pero, a no ser que cerrara de manera inminente, no era un cojín que pudiera dar para mucho. Cuanto más necesitaba el apoyo de los empleados y el sentimiento de unidad que ayudara a aguantar aquel gran chaparrón, fue cuando menos lo sintió, así que para él fue vivido, cuanto menos, como una traición por parte de un equipo al cual llevaba años dando trabajo y pagando religiosamente cada una de las nóminas cada mes. El empresario no supo ponerse realmente en el lugar de los empleados, cuya situación mayoritaria consistía en madres y padres de familia con el peso de los créditos, hipotecas y demás, que ya antes llegaban justitos cada mes para pagarlo todo, y que ahora veían su salario rebajado y la incertidumbre de no saber qué pasaría con sus puestos. Antes de que ocurriera el desastre del Covid-19, aquellos empleados ya no se sentían plenamente satisfechos con la empresa, ni con su jefe, así que era complicado que hubiera un buen entendimiento ahora si no lo había habido antes. Como el empresario nunca había comunicado el estado real de los números del negocio, no era tan extraño que los empleados tuvieran una idea equivocada del cash que realmente se estaba moviendo en la empresa. La situación para sus empleados era realmente muy angustiante para ellos, y el hecho de hablar tanto entre sí y no con el jefe directamente, no ayudaba. Al empresario se le pasó totalmente por alto la angustia y dificultades que estaba pasando su equipo, porque solamente veía la gravedad de su propia situación, y esperaba que los empleados lo vieran de la misma manera. Que fuera  la gestoría la que se hubiera encargado de comunicarles que tenían que pasar a estado de ERTE, en lugar de hacerlo él mismo, agravaba (y mucho) la situación, porque lo que sintieron aquellos empleados fue que no importaban a su jefe en absoluto y que eran tratados como si fueran un número. Y es que la falta de comunicación directa hace estragos en lo que puede llegar a interpretar cada uno, pero este hecho también se le pasó por alto al empresario; eso sí, sin ninguna mala fe, “sólo” falta de empatía.

Por su parte, los empleados también pasaron por alto la angustia que estaba viviendo el empresario, eran incapaces de ponerse en su lugar, tanto por falta de empatía como por falta de datos que les ayudara a analizar de una manera más objetiva la situación. El mismo empresario se había encargado, consciente o inconscientemente, de hacer creer a sus empleados que tenía un tren de vida muy superior al de ellos, con una facturación bastante elevada, pero nunca les hizo partícipes de los gastos reales que el negocio suponía, y en cuánto quedaba al final el margen neto. Tampoco tenía por qué hacerlo, pero al fin y al cabo, esa falta de información hacía pensar a los empleados que los números eran muy distintos a los reales, en lugar de pensar que como no había datos en los que apoyarse, sacar conclusiones precipitadas iba a dar lugar a error seguro. A ningún empleado se le ocurrió pensar en el peso que estaba soportando su jefe por tener tanta responsabilidad entre manos; los empleados corrían el riesgo de no poder pagar las facturas de aquellos meses y quedarse sin trabajo, pero era el empresario el que estaba en riesgo de quedarse en la total ruina y endeudado hasta las cejas, aunque parece que ningún empleado reparó en ello. Nadie se preguntó cuáles serían realmente los números que se movían o cuál era el tope que su empresa podía aguantar sin facturar. Tampoco se plantearon si la medida del ERTE sin pagar el complemento hasta llegar al 100% de nómina a los empleados podía contribuir a evitar algunos despidos pasada la crisis, y por tanto poder mantener a la plantilla al completo una vez que pudieran retomar su actividad. Los empleados, además, parecían no darse cuenta de que, si ponían más palos a las ruedas, iban a terminar hundiendo el negocio, y con ello sus puestos de trabajo. Así, cada una de las partes sentía que era la gran damnificada y nada comprendida por la otra. 

Todo esto es lo que pasa cuando uno no se pone en la piel del otro. La situación era muy complicada para ambas partes, pero tal vez si empatizaran unos con otros, el empresario tendría más tacto y sensibilidad a la hora de comunicar, los empleados se sentirían comprendidos, y por parte de los empleados, se darían cuenta de que si su situación era angustiante, la del empresario era absolutamente tremenda también. Probablemente, con algo más de empatía, se ayudarían entre ellos, y harían que el negocio levantara cabeza una vez terminado aquel dichoso confinamiento. Pero no, no era ésta la realidad en aquella orgnización, así que… ¿Se hundiría la empresa? ¿En qué estado podría continuar o qué consecuencias habría? Atentos al próximo artículo, porque el desenlace se acerca.

Debido a la situación que estamos viviendo, desde Grupo Kairos hemos decidido que si antes nuestra misión era mejorar los negocios a través de las personas, ahora más que nunca debemos apoyar a aquellos negocios que se están viendo en la cuerda floja, ya no sólo por la situación, sino por los problemas de personal que están sufriendo y que suponen una amenaza de cierre inminente. Por ello, y sólo mientras dure el estado de alarma, hemos decidido realizar consultas ilimitadas a quien lo necesite. Para ello, solamente hay que inscribirse en el formulario de contacto y llamaremos en un plazo máximo de 48h. Ánimo a todos y, aunque ésta es una situación sin precedentes, estoy segura de que en tu vida has pasado por otras situaciones que para ti tampoco tenían precedentes, y las superaste con éxito, saliendo reforzado/a de ellas, así que adelante, porque además no estás solo/a.

-Aryán Puerta-

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