Sí, hoy quiero hacerte esta pregunta. Preguntarte en qué estabas pensando en diferentes momentos de tu vida que tomaste ciertas decisiones que te han llevado exactamente al punto en el que estás hoy. Por ejemplo, ¿En qué estabas pensando cuando elegiste qué hacer después de la EGB o la ESO? ¿Tomaste la decisión correcta? A nivel formativo, hicieras lo que hicieras, ¿en qué estabas pensando cuando tomaste la decisión? Quizás estabas pensando en un futuro que creías muy lejano, o tal vez fuiste de los que lo quería todo de manera inmediata y por tanto una carrera universitaria se te antojaba excesivamente lejana y no adecuada a tus expectativas; puede que te decantaras por estudiar lo mismo que tu padre o tu madre, o quizás la situación familiar era tal que no pudiste ni siquiera plantearte si querías o no formarte, porque había que trabajar, y punto.

A veces, tenemos que decidir cosas con un gran impacto en nuestra vida futura y ni siquiera somos conscientes de ello, o simplemente no estamos preparados, o eso creemos. En el caso de la elección formativa, además, las decisiones se suelen tomar en una etapa en que estamos gobernados en gran medida por las hormonas, y, si lo pensamos fríamente, a no ser que tengamos unos muy buenos guías de vida y nos dejemos llevar por ellos, lo extraño de la situación es tomar decisiones acertadas. De la misma manera que nos pueden guiar, suele ocurrir que, con ese cóctel de hormonas y una etapa adulta recién iniciada en la que somos como bebés tratando de dejar de gatear, siempre hay algo o alguien que ejerce un enorme poder de influencia sobre nosotros. Para bien o para mal, nos afecta tanto el exterior en esas etapas de la vida, que un amigo, un profesor, un amigo de la familia, o incluso un personaje famoso puede alterar nuestra decisión con un simple comentario y hacer que nuestra vida vaya por una línea que sin esa influencia, jamás hubiera ocurrido.

Sea como sea, aquí estamos, consecuencia de nuestras decisiones, tomadas con más o menos consciencia o madurez. Y es que en el colegio no nos enseñaron a pensar por nosotros mismos; en muchos casos, lo que nos enseñaron fue que había que obedecer. Obedecer al que tenía más experiencia y sentido común que tú, al mayor que tú, al que representaba la autoridad, a creer todo lo que leemos en los libros que ellos nos proporcionaban.

Con estas enseñanzas, aprendemos a tener nuestros referentes y ser aconsejados por los más expertos, pero también, y de manera natural, aparece el rol del rebelde, que se revuelve ante cualquier tipo de autoridad, el que quiere tomar decisiones y pensar por sí mismo sin que nadie le haga creer que no puede hacerlo.

Y así, entre el que intenta tomar decisiones correctas escuchando al más experto, y el que pelea con el mundo porque no quiere ser “doblegado”, vamos pasando por la vida tratando de tomar las mejores decisiones, las que nos lleven a ser felices. Lo que en muchos casos pasó, es que ambos lados olvidaron algo… Olvidaron escucharse a sí mismos.

Desde Grupo Kairos queremos hacer especial hincapié en la importancia que tiene desarrollar el pensamiento crítico, y hacer saber que nunca es tarde para ello. Ahora probablemente estás en un momento empresarial complicado, en el cual debes tomar decisiones importantes. Recomendamos escuchar más hacia dentro que hacia fuera, porque sólo uno mismo conoce de primera mano la realidad de su negocio y las posibilidades que tiene. Ahora, en un momento en que es muy fácil dejarse llevar por el miedo, queremos animarte a que no optes por la opción fácil, porque no eres ese tipo de persona. De ir a lo fácil, jamás hubieras llegado donde llegaste, no lo olvides.

Si necesitas asesoramiento empresarial o personal, no dudes en contactar con nosotros. Sin ningún tipo de compromiso, veremos cómo podemos ayudar.

-Aryán Puerta –

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