Cuántas veces hemos escuchado y hemos dicho eso de “la salud es lo primero”, pero ¿realmente lo valoramos? ¿Le damos el valor que le corresponde a la salud, como personas? ¿Y como empresa? Sabemos perfectamente, en especial por nuestra propia experiencia, que cuando nos falta salud no somos capaces de hacer vida normal, y que nuestros quehaceres diarios se ven alterados, en mayor o menor medida, según lo que nos pase. Según la problemática de salud que tengamos, podemos hacer nuestras tareas de manera ralentizada, o debemos interrumpirlas por no ser capaces de acometerlas.

Vamos a empezar por la definición global del concepto “salud”. La salud, según la Organización Mundial de la Salud, es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.


Sabemos bien que un problema de salud, del tipo que sea, puede suponer un paro en seco de nuestra actividad diaria, y sabemos por tanto que hay que cuidarla. Si sabemos esto de nosotros mismos, ¿Por qué en la mayoría de casos no lo aplicamos a la empresa? Cuidar de la salud de nuestros trabajadores supone cuidar de nuestra empresa, por tanto ¿No merece la pena apostar por ello? La gran mayoría de empresas se quedan en la PRL (Prevención de Riesgos Laborales), y porque les obliga la ley. Si queremos avanzar, avanzar de verdad, debemos tomar acción e ir más pasos hacia adelante, no sólo minimizando los riesgos de salud en el puesto de trabajo, sino velando por la salud de las personas que integran nuestra organización. ¿De qué manera podemos hacer esto? Tenemos varias vías posibles de actuación. Lo primero que tenemos que hacer es categorizar los posibles problemas de salud para luego decidir en qué nos focalizamos para optimizarla. Esta categorización pasa por 2 grandes grupos: salud física y salud mental.

-Salud física: consiste en el bienestar del cuerpo y el óptimo funcionamiento del organismo de los individuos. Diferentes vías de salud física, y que se deben cuidar de manera global cada una de ellas, son por ejemplo llevar una alimentación sana y balanceada, mantener la higiene corporal diaria, dormir la cantidad de horas suficientes, hacer ejercicio regularmente o programar citas médicas regularmente a fin de realizar chequeos generales y evitar o detectar posibles enfermedades.

Salud Mental: definida por la OMS como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. Mantener un estado salud mental óptimo, igual que en el caso de la salud física, forma parte de las responsabilidades que cada persona tiene consigo misma, y también se puede alcanzar de manera fácil a través de hábitos, constancia y algo de ayuda externa.

Lo que quiero decir a continuación en relación con este tema es algo controvertido, y posiblemente polémico, así que lo dejo para el próximo artículo, espero que no te lo pierdas porque creo que te va a interesar, tanto si tienes empresa propia como si no.

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-Aryán Puerta –

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