A veces me pregunto hasta qué punto en una empresa existe la consciencia acerca de la falta de capacitación o formación de uno o varios trabajadores. En realidad es algo que debería evaluarse antes de cualquier incorporación, pero bien es cierto que muchas veces, o bien no se hace, o bien hemos valorado otra serie de aptitudes que han pesado más que ciertas habilidades o capacidades no tan desarrolladas. Está claro que una persona no puede ser un 10 en todo, siempre habrá puntos fuertes y puntos a mejorar, pero…¿Hemos calibrado bien que los puntos a mejorar de un trabajador no sean precisamente los puntos clave para el desarrollo del trabajo? Vamos a poner un ejemplo concreto:

Podemos valorar, en el sector hostelería, para un puesto de camarero/a, una candidatura de alguien que tiene bastantes años de experiencia en el puesto ofertado; que sabe manejar perfectamente las bandejas y es eficaz gestionando los pedidos; que es impecable a la hora de mantener el orden y limpieza requeridos, e incluso sabemos por referencias que no falta jamás al trabajo. Con este panorama, fácilmente podríamos valorar la candidatura de manera tan positiva que la llegáramos a contratar. Pero, ¿Hemos tenido en cuenta todos los factores? Podría pasar que una vez incorporada esta persona, con unas competencias tan positivas y destacadas, nos diéramos cuenta de que tiene carencias muy importantes en cuanto a orientación al cliente, por ejemplo. Que al no tener las habilidades suficientes, se ganara más de un enfrentamiento con clientes que ya de por sí son complicados (y dicho sea de paso, que abarcan una buena proporción de los clientes totales). ¿Qué hacemos entonces con este trabajador? Pues tenemos 3 opciones; una de ellas sería prescindir de sus servicios (atención a los costes que conlleva esta opción, no sólo por la posible indemnización, sino por tener que realizar nuevamente selección, contratación y formación de otra persona); otra opción sería asumir esta carencia sin más “porque nadie es perfecto” y seguir adelante sin darle mayor importancia (hasta que la importancia la den los números cuando empiece a perder clientes y a ganarse la mala fama); o por último, podríamos asumir que nadie es perfecto pero que se puede mejorar, y ofrecerle a este trabajador una formación en Orientación al Cliente que compensara su carencia, evitara perder clientes y reforzara su valía como trabajador, gracias a que la empresa ha potenciado sus capacidades.

A veces en las empresas nos empeñamos, o bien en tener el trabajador perfecto sin que tengamos que hacer nosotros nada más que contratar al mejor de los talentos, o en asumir las carencias como algo normal con lo que hay que convivir y cruzando los dedos para que esas carencias no supongan muchas pérdidas. En ocasiones nuestro pensamiento es tan polarizado que no nos damos cuenta de que hay opciones intermedias que pueden reportarnos enormes beneficios.

Desde Grupo Kairos, queremos animarte a que hagas un listado de las faltas de capacitación o puntos a mejorar de tus trabajadores y pienses qué tipo de formación podría compensarlas. Posiblemente puedas categorizar en grupos esas carencias y tal vez valorar qué beneficios podría reportarte como empresa minimizar esas carencias e incluso convertirlas en fortalezas. Si alguna de esas carencias tiene que ver con el liderazgo, gestión de personas, trato al cliente, gestión del tiempo, o Recursos Humanos en general, tenemos la formación perfecta para ti. Incluso, si no sabes cómo detectar esas carencias en tu equipo, también podemos ayudarte, así que ¡Contacta con nosotros hoy mismo!

-Aryán Puerta-

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