En el artículo anterior hablábamos de que la consecución de resultados en una empresa va íntimamente ligada a la productividad de su personal. Muchas veces somos conscientes de que nuestro personal podría hacer sus tareas muchísimo mejor pero no sabemos cómo hacer para que lleguen a su máximo nivel. Expliqué que para que un trabajador o plantilla dé lo mejor de sí deben pasar por lo menos 2 cosas:

1) A trabajador satisfecho, mayor rendimiento.

2) Tu misión como jefe/a consiste en sacar lo mejor de tu equipo.

La premisa número 1 la desarrollamos en el artículo anterior, “¿Eres un buen jefe?” (parte 1). Vamos a ver en qué consiste la 2. Antes de todo, si eres jefe/a (Da igual si jefe/a de un equipo pequeño o director/a general de una multinacional), quiero que te preguntes qué pensabas que era ser jefe antes de que llegaras a serlo. Quiero que te preguntes qué concepto de “ser jefe” tienes, si ha cambiado con el tiempo y con la experiencia, si te reafirmas en lo que ya creías hace mucho tiempo que era eso de “ser jefe”. En nuestra sociedad en los últimos años el concepto de jefe ha cambiado muchísimo; hemos llegado a sustituir el término “jefe” para empezar a hablar de “líder”, y hemos convertido el concepto a una manera dual de entender el liderazgo en las organizaciones; ahora resulta que líder es el que reúne las características positivas y hemos mantenido la palabra “jefe” para referirnos a las connotaciones negativas de dicho rol.

Por mucho que ahora diferenciemos entre “jefe” y “líder”, la realidad es que en muchos casos ha sido tan fuerte la influencia del rol tradicional de jefe que nos cuesta despojarnos de algunos comportamientos tan arraigados del jefe a la antigua usanza, porque es lo que nos enseñaron en su día y lo que la mayoría hemos vivido. Pero debemos hacerlo si queremos conseguir equipos altamente productivos y tener también nuestro propio grado de satisfacción sabiendo que somos un líder ejemplar para nuestra empresa.

Alguien que lidera un equipo o empresa debe actuar con firmeza y decisión, mandar y delegar a diario, exigir los mejores resultados. Muchos de ellos creen que actuar así significa minimizar a su equipo, dar órdenes como si de un rey medieval se tratara, presionar a su gente y, algo muy típico, “sacar el látigo”. Pues nada más lejos, señores; el que realmente consigue que sus trabajadores/as rindan al máximo es el que se preocupa sinceramente por ellos, les manda tareas de manera serena terminando la frase con un “por favor” y/o “gracias”, confía en ellos y se lo demuestra, se comunica de manera asertiva y positiva con el equipo, las llamadas de atención son en privado y van acompañadas de un tono de voz firme pero sereno, y las características positivas de cada miembro del equipo son valoradas y manifestadas siempre que es posible. Esto es, entre otras cosas, lo que distingue a un líder ejemplar de un jefe mediocre.

Muchas veces no es cuestión de ser de una manera o de otra. Todas las habilidades que caracterizan a un buen líder (valga la redundancia) se pueden entrenar y mejorar constantemente. Te invito a que compruebes tú mism@ todo esto que te estoy diciendo y verás qué diferentes son los resultados en un mismo equipo con estilos de liderazgo diferentes. Si no sabes cómo hacerlo o eres un empresario consciente de que tus personas de confianza manifiestan carencias a la hora de liderar sus equipos, no dudes en contactar con nosotros, sabemos cómo ayudarte para que tu negocio mejore de manera sustancial y dejes de perder dinero, o empieces a ganar mucho más. En Grupo Kairos mejoramos los negocios a través de las personas. Hagamos una reunión y solicita presupuesto sin compromiso, y hazlo cuanto antes mejor, porque cada día que pasa es un día menos de mayor ganancia.

Aryán Puerta

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