Al margen de si uno tiene una manera de ser enfocada a las personas, es importante velar por nuestros trabajadores, porque la salud y desarrollo de nuestros colaboradores hablará sobre nuestra propia salud y desarrollo, por lo tanto es algo que sí o sí nos interesa y nos conviene, además de que cuanto más humanos seamos, probablemente mejor nos irán las cosas. Vamos a atender 2 premisas muy claras:

1.- A trabajador satisfecho, mayor rendimiento

Trabajador satisfecho no quiere decir que pueda hacer lo que le dé la gana, que cobre un salario muy alto o que no se le pueda llamar la atención, no. Trabajador satisfecho significa que, a pesar de trabajar bajo presión, de quizás tener unos objetivos altos, o un nivel de esfuerzo considerable, puede contar en todo momento con un jefe que representa un apoyo fundamental en su día a día. Este jefe (en adelante líder), le ayuda a ver soluciones a los problemas, le ayuda a discurrir soluciones que a él no se le habían ocurrido, le ayuda a gestionar mejor su tiempo para facilitar sus tareas y mejorar el rendimiento; el líder también es alguien que le escucha cuando tiene alguna cuestión delicada que afecta al trabajo, le ayuda a generar autoconfianza (entre otras cosas porque confía en él), le deja que se equivoque y corrige sus errores. A veces también tiene que llamar la atención de manera severa y contundente, pero siempre lo hace para corregir una situación, no para hacer sentir mal al trabajador/a, y jamás grita ni falta al respeto, lo que le hace aún más contundente. Trabajador satisfecho significa también que se siente escuchado en su empresa, que sabe que le valoran porque se lo demuestran, que le pagan a tiempo según lo acordado, que se cumple con la palabra, que se siente parte de su organización.

Todo lo que implica que un trabajador esté satisfecho, hace que el trabajador/a dé lo mejor de sí, es decir, un nivel máximo de productividad (o, al menos, de la productividad que es capaz). En cambio, cuando se dan las condiciones contrarias, el nivel de gasto de dinero y recursos que supone para una empresa ni siquiera suele cuantificarse; empezando por mucha menos productividad ( lo cual supone siempre menos facturación), siguiendo por una mala actitud y posterior mal clima del trabajador/a (tanto en singular como en plural), desidia / negligencia que acaba afectando a los clientes, conflictos varios, despliegue de recursos disciplinares implicando a más personas o departamentos, coste por despido y, muchas veces, costes derivados de demandas judiciales.

No atender esta premisa puede costar muy caro a una empresa. La apuesta segura es ser consecuente con ella.

Vamos a por la segunda premisa…

2.- Sacar lo mejor de tu gente

El que realmente consigue que sus trabajadores/as rindan al máximo es el que se preocupa sinceramente por ellos, les manda tareas de manera serena terminando la frase con un “por favor” y/o “gracias”, confía en ellos y se lo demuestra, se comunica de manera asertiva y positiva con el equipo, las llamadas de atención son en privado y van acompañadas de un tono de voz firme pero sereno, y las características positivas de cada miembro del equipo son valoradas y manifestadas siempre que es posible.

Estas 2 premisas son, entre otras cosas, lo que distingue a una empresa ejemplar de una mediocre.

-Aryán Puerta –

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