Me llamo Aryán Puerta. Siempre he sido una persona muy observadora en cuanto a ciertos comportamientos humanos, especialmente los que tienen lugar en el ámbito laboral o empresarial. Ya desde muy joven, me mostraba especialmente crítica en cuanto a la atención al cliente se refiere, allá donde iba (al súper, a tomar algo, a comer, a un cine, a una bolera, a una tienda, a una entidad pública…); me costaba entender y tolerar actitudes pobres en cuanto a trato con el público, y recuerdo que los mayores me decían: “Ya verás cuando estés de cara al público, es algo que quema mucho” o “debe tener un mal día, no somos superhéroes, y eso cuando atiendes se nota”.

Llegó el día en que fui yo la que estaba de cara al público; tenía muy claro cómo se debía tratar a un cliente, porque solamente tenía que pensar en cómo me gusta que me traten a mí. Como casi todo ser humano, tuve malos días y malos momentos, muchos, pero jamás se lo transmití a ningún cliente. Comprobé que se puede estar mal sin que por ello saliera resentido un cliente, si tu motivación son las personas, así que la excusa de “tiene un mal día” ya no valía, y fui aun más exigente (debo decir que a veces mis amigos se han desesperado un poco conmigo y esa actitud crítica).


Tras licenciarme en Psicología a través de la Universidad de Barcelona y tener muy claro que quería dedicarme especialmente al mundo de los Recursos Humanos, empezó mi trayectoria en 2007, en una empresa de servicios llamada entonces Diana Promoción; en apenas 6 meses pasé, en esa misma empresa, por los puestos de becaria, técnica de selección, responsable de promociones y responsable de RRHH. En 2008 Di el salto a Adecco Outsourcing, empresa de Grupo Adecco, la que ha sido mi principal escuela y donde trabajé durante 6 años. Adecco Outsourcing fue, en cierto sentido, como una mili” de los RRHH; además, el momento particular que atravesaba la empresa los primeros años de mi incorporación hizo que viviera situaciones un tanto “extremas” (palabra de uno de mis jefes en mi último día) y por ello aprendí tanto. Después de Adecco, decidí tomarme un descanso laboral y retomar la parte de Psicología Clínica, que tanto me gustaba y que había mantenido apartada. Tras reciclarme con un Máster en Psicología Clínica por la AEPCC, empecé a atender pacientes en consulta y volví a trabajar en RRHH, en la empresa Claro Sol Facility Services, donde estuve 2 años y donde también aprendí bastante.

Recuerdo momentos muy duros en algunas de estas empresas, cuando me tocaba controlar servicios que ya tenían su historial, con todo el equipo revuelto, altos niveles de absentismo y rotación, productividades muy por debajo de lo esperado, clientes enfadados porque no ofrecíamos el servicio prometido, la competencia pisando los talones ofertando lo que nosotros no éramos capaces de dar, y, por supuesto, los números casi en pérdidas en ese cliente. Dar la vuelta a aquellos servicios que estaban a punto de perderse era, por un lado, un reto muy complicado de llevar a cabo, con mucha inversión de recursos por mi parte, y, por otra, una gran satisfacción cuando lo conseguía. Demostrar a la Compañía, al cliente y al equipo que un cambio era posible, me llenaba de orgullo y fortalecía mi creencia de que “a trabajador satisfecho, mayor rendimiento”. Mis principios y valores se veían empíricamente comprobados una y otra vez.

Quedarme trabajando por cuenta ajena en el campo de los RRHH era toda una tentación, ya que creía que podía cambiar cosas en el mundo empresarial sin arriesgar demasiado y trabajando para otro. La parte complicada era el choque constante, una y otra vez, con las propias empresas en las que estaba, en especial con los clientes para los que estas empresas trabajaban. Directores que no concebían a los trabajadores de la misma manera que yo; la visión de ciertos altos cargos de que el trabajador es prácticamente un robot que ejecuta, al margen de lo que pase en su vida; algunos clientes  que abusaban de su poder y/o  hacían que los trabajadores se sintiera poco o nada valorados. Contaba con cierta autonomía, eso me encantaba porque además aprendí muchísimo, pero trabajar con empresas que no concebían al trabajador de la misma manera que yo era realmente agotador. Todo ello, más la falta de «poder» en ciertos momentos para implementar políticas que yo sabía que mejorarían los resultados de manera sustancial, hicieron que sintiera que era cierto que muchas empresas ven a sus trabajadores como un número, y que nada de lo que hiciera sería realmente útil si “los de arriba” no cambiaban su manera de ver las cosas y, por tanto, de gestionarlas. Se trataba de resignarme a que el mundo empresarial era así, al menos el de las grandes empresas o lo que yo veía, y mimetizarme con ello, o… ¿O qué? O podía cambiar las cosas en los equipos y servicios que gestionaba; pero eso no era suficiente, quería más; quería un cambio de verdad en los resultados de una empresa. Quería de verdad mejorar los negocios a través de las personas.

Por fin llegó el momento. Por fin decidí, tras mucha reflexión y no sola, que mejorar los negocios a través de las personas era posible. Elisenda López, compañera, empresaria y amiga en Psicogavà, compartía conmigo esta concepción de que a trabajador motivado, mayor rendimiento. Gracias a la fusión de nuestros conocimientos y experiencias, nace Grupo Kairos.


Kairos en griego significa “algo importante que sucede en el momento oportuno”; nuestro logo representa un árbol con las raíces bien asentadas en la tierra, pero creciendo en máxima expansión hacia arriba (de ahí los colores verde hierba y azul cielo). En realidad, el significado de Grupo Kairos es : Mejorar los negocios a través de las personas ya es posible en un momento de revolución empresarial en que el éxito se esconde tras el cuidado de su principio activo más preciado: las personas”.

Sólo los que han comprendido el verdadero secreto sobrevivirán a un momento en que ya no todo vale.

La clave del éxito ya no es la idea, ni la tecnología, ni el poder económico.

Ahora, el secreto del éxito reside en el bienestar y motivación de los integrantes de cada Organización Empresarial.

En Grupo Kairos nos atrevemos a anunciar el fin de las empresas que conciben a sus empleados como un código de barras, un número o un robot. Representamos el movimiento contra el BAR que invade a tantas empresas: Baja productividad, Absentismo o Rotación. ¿Te unes al movimiento?